
HABLAR DE MIS RECUERDOS
ES QUERERTE
Hablar de mis recuerdos es quererte.
Risa y penas antiguas se detienen
en la ribera de tu amor cumplido.
Desde tu orilla puedo darme al viento,
darme a los días en que tu no estabas,
cuando en mi corazón eras apenas
esa ausencia ignorada que nos duele.
Vuelvo a mirar los rostros que tenían
la humilde santidad de las medallas,
rostros que tú conoces sólamante
en el duelo parado de mis ojos.
Tengo de nuevo abiertas las heridas
y nuevamente lloro viejos llantos.
Los nombres del amor y los del odio
ahora sin temblor vuelvo a decirlos.
Ya conozco la cifra de mis sueños,
el certero esperar de mi esperanza,
la raiz de una angustia inexpresable,
el bien y el mal: Conozco mi destino.
Todo cuanto me ofrece la memoria,
como un pájaro herido se refugia
en el cálido hueco de tu mano.
Fueron sólo presagios y señales.
Ya vivía oculto en mis recuerdos.
Antes de ti mi vida sólo ha sido
el lento aprendizaje de quererte.
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